viernes, abril 01, 2011

Otra versión famélica (o el problema de no saber titular a la obra)

Las palabras son heridas, crímenes infinitos, espejo y puerta a un nuevo perforar: otra palabra.

De todo el seno, el vértigo ante tanta calma insomne,

El pasado se rebela contra un hombre que no ha sabido nombrarle el alumbrar en este espejo extraño, el castramiento. Sé mi guía de boda en sangre transparente, para amar la tierra de otra forma que no sea el temblor, para abastecer al alba a vino negro.

A cada paso lumbre sísmica, de golpe, un parpadeo y de golpe, he detenido las admoniciones en hombros ajenos, en un mirar que apenas reconozco aunque se ofrezca mío.

Yo no nací para seguir después del castramiento, este ejercicio de navajas me designa su heredero, pero yo no sé seguir después del castramiento. Yo no oficio en vidrios sangrantes, obscenos, yo no sé rezarle al búho, a la tinta, a nada que no sepa qué es rezar.

El pulso del hambre me insiste, señala la lava, el instante. Y mi padre me preocupa. No se ha cambiado los tornillos y me intenta dar un rostro verosímil, una nariz que lugar de escurrirse vergüenza, me explique que ha nacido para sostener los lentes.

Ah, mi madre no le dice nada porque ella no sabe que él se cambia los tornillos más últimamente. Es adicto a la renovación de neón o de mercurio.

De todo he sido rostro en edad de pena.

De todo, el sexo se oxida y raya en lo ridículo.

De todo, el seno el vértigo ante tanta calma insomne,

El pasado se rebela contra un hombre…

SERGIO ORTIZ